La Esencia misma de la Navidad, según mi parecer.

Hablar de la Navidad es, a decir verdad, hacer necesaria referencia a nuestra misma necesidad de abrir nuestro Corazón a la expresión más sublime del Amor. Da tristeza ver cómo hoy día se ha minado tan maravillosa manifestación con las falsas apariencias de la materialidad. Para el individuo común, la Navidad no es más que la excusa justificada para gastar lo que no se había gastado en todo el año, ciertamente, en bulliciosos festines donde predominan los más variopintos manjares y bebidas alcohólicas y no alcohólicas. Para este individuo, la Navidad no es más que invertir para dar y recibir regalos, además de atiborrarse de comida y bebida hasta reventar. De tal suerte, los lazos afectivos son en realidad interesados, ya nadie da ni hace nada por nada. En la gran mayoría de las familias, prácticamente no existen instantes de sincero recogimiento ni calor familiar. Hay un inmenso vacío entre la gente, pues prevalece una evidentísima falta de contacto con el Ser Interior; no nos sorprenda entonces el hecho de que cada año se vea cada vez más disminuido el entusiasmo que es inherente a las vísperas decembrinas. ¡Qué tristeza tan profunda ha de estar invadiendo a las masas! No comprendemos nuestro mundo interior, porque no os proponemos ir en busca de nosotros mismos. Nos creemos abandonados a la desesperanza, y esa aflicción se manifiesta más vivamente en las fechas decembrinas...

Cuando hablamos de celebrar la Navidad, hablamos del suceso más grande en la Historia de la Humanidad: La Encarnación del Cristo en la persona de Jesús de Nazareth. ¿Cómo y por qué celebrarlo? Recordemos que Jesús llegó al mundo no para anunciarle a las masas que edificasen templos suntuosos ni mucho menos para imponer ningún culto estatuído, nada más absurdo que pensar eso, pero sí para predicar lo que sin duda es la Única Doctrina de la Verdad: El Amor. Nuestro Señor nos hizo saber que de nada valdrían los templos más suntuosos ni las palabras más hermosas, si no ardía en éstos la Llama Eterna del Amor. Él nos reveló a todos que la Verdadera Iglesia que podría edificarse no podría sostenerse en otra cosa que el Amor que nos profesáramos unos a otros. Como el Reino de Dios se halla en cada uno de nosotros mismos, preciso es que nos amemos unos a otros, pues somos Uno con Dios y la Esencia misma del Amor se basa en la Fraternidad. Sólo a través de la Fraternidad Universal lograremos que el Reino de Dios se manifieste plenamente en la Tierra. Por tanto, una celebración navideña debe representar para nosotros, en Verdad de Verdad, una renovación de todo nuestro Ser Interior.

Cada año debe ser un período para cultivar las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Con fe evaluamos nuestros aciertos y desaciertos, ya que no somos perfectos, pero sí podemos perfeccionarnos tanto como nos sea posible. Con la esperanza nos reconoceremos en unión con nuestro propio Cristo. Y en cuanto a la caridad, no estamos hablando de limosnas o dádivas, sino de nuestra sincera voluntad de llevar a nuestros Hermanos palabras de Luz y Vida, pensamientos de Amor y Fraternidad, y obras de Temperancia y Reverencia. En función a esto que he expresado, pienso que cada año nuestro Redentor renacerá en lo más hondo de nuestro Ser en la medida que nos propongamos cultivar las tres virtudes antes mencionadas... A este respecto, ¿No es esto razón más que suficiente para desear celebrar la Navidad? Sin la consciencia de toda la sublimidad de estas celebraciones, ¿Tiene en realidad sentido alguno celebrar algo? Quienes celebran la Navidad en estas condiciones, no consiguen evadir el sentimiento de vacío y desgana cuando las fiestas llegan a su fin...

Quien aprende el valor de celebrar, en lo más profundo de su Ser, la Navidad, glorifica a Aquel que a bien tiene revelarle su propia naturaleza. Tan grande es la Gloria de nuestro Señor Jesús Cristo, que Él es la Luz que refleja en nosotros su propia naturaleza. Por lo tanto, celebrar la Navidad significa elevar nuestro Corazón hacia las más altas frecuencias del Amor, es renovar cada vez nuestros Pensamientos y Emociones para amar incondicionalmente a nuestros Hermanos, es pasar cada año por una Iniciación que ha de conducirnos de forma gradual al encuentro con nuestro propio Cristo. Quien comprende tan Sublime Realidad, vivirá en Espíritu y Verdad cada año, en el Santuario de su Ser, la Natividad de nuestro Señor Jesús Cristo.

Predicando a través del ejemplo, Nuestro Señor fue revelándole a todos aquellos que tuviesen ojos para ver y oídos para oír que Él era el Cristo, la Luz del Mundo; nos anunció así que Él es el Camino, la Verdad, y la Vida. Él se dispuso a anunciarnos las buenas nuevas de lo que podremos conquistar comprendiendo, a través de la práctica de la Virtud y la Verdad, la Esencia misma del Amor. Y en Verdad de Verdad, compenetrarse con la Esencia misma de la Navidad es descubrir interiormente la Esencia misma del Amor. Bienaventurados aquellos que emanan el Amor desde las profundidades de su Ser, pues ellos podrán contemplar la Gloria de Dios.

Desde mi Propio Templo celebro cada año la Navidad, aprovechando la oportunidad de enviarle a todos mis Hermanos mis más sinceros Pensamientos de Paz, Amor, Armonía, Fraternidad, Bienestar y Salud.
Que tengan todos una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2012, les desea con un abrazo muy sincero y fraternal
NUCLEUS INFINITUM


















































































































































































































































































































































































































































